Reseña: Nas – “Illmatic XX”

"La reedición del mejor álbum de hip hop"

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Nas - Illmatic XX_reseña_
Nas
“Illmatic XX”

Top Reissue

Lanzamiento: 15/04/2014
Artista: Nas
Formato: LP
Sello: Columbia / Sony Legacy; 2014
Género: Hip Hop Old School Rap
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Nas anunció la celebración de Illmatic”, álbum señalado como el mejor de la historia del hip-hop y que lo convirtió en un ícono del rap de la costa este, con una reedición de lujo, documental y tour. Illmatic XX salio a la venta el pasado 15 de abril, cuatro días antes del primer lanzamiento que fue el 19 de abril de 1994, dicho material contiene el disco original remasterizado y uno de material extra con demos, remixes, un tema inédito llamado “I’m a Villain” y una sesión de freestyle del Nas de aquellos años. Para acompañar a Illmatic XX en el festejo, Nasir Jones estreno también el documental llamado “Time is Illmatic” que nos mostrará el proceso de creación y de lanzamiento de Illmatic y de cómo se convirtió en uno de los álbumes mas celebrados en los últimos años. En estos veinte años, Nas ha lanzado 10 álbumes de estudio además de variosLP’s y compilaciones, aunque él siempre ha dado el crédito de su éxito a su disco debut.

Cuando uno se sienta a oir Illmatic de Nas, aparecen varias conclusiones o inquietudes. La primera es que en 1994, el rap tenía muchas cosas que decir. La segunda es que, veinte años después del lanzamiento de ‘Illmatic’, daría la impresión que – sin contar a Kendrick Lamar  y un poco a Joey Bada$$ -, ya no tiene mucho más qué decir que lo que se rapeó en 1994. O podrían ser un poco de las dos cosas. Puede ser que vivimos en tiempos distintos y que nuestra tendencia a polarizarlo todo – la religión, la política, la música, la sociedad, los gobiernos -, nos impide ver más allá del “todo tiempo pasado fue mejor”, en particular cuando de música se trata. La polarización en la que ha vivido el Hip Hop como género desde sus inicios es natural de todo movimiento o toda filosofía: la izquierda y la derecha. El capitalismo y el socialismo. El liberalismo y el conservatismo. Lo negro y lo blanco. Lo bueno ylo malo. Lo comercial y lo underground.

Como si no existiera un puente entre ninguna filosofía mundial, la humanidad se debate aún entre los dos extremos, y daría la impresión que jamás encontrarían el medio, el punto de conciliación. Illmatic es ese punto en el hip hop es la CAÑA (como dirían los españoles).

En 1991, cuando Nasir Jones aún no había cumplido los 20 años, participó en unos cuantos versos del grupo Main Source en la canción, ‘Live At The Barbeque’. Esos versos fueron suficientes para emprender al joven rapper en el camino hacia la fama como emcee, pero más que hacia la fama, hacia otro tipo de reconocimiento. La sonoridad de Illmatic es clásica y determinante para veinte años siguientes de Hip Hop, indiscutiblemente. La producción de figuras como Pete Rock, DJ Premier, Q Tip de A Tribe Called Quest y Large Professor le dan una estatura inmensa a los beats del famoso larga duración. Pero ese no es su legado más importante, el legado más importante de Illmatic es su retórica, es lo que dicen sus canciones.

La narrativa con la que Nas aborda Illmatic cuenta con elementos similares a los héroes previos de rap del momento en la ciudad de Nueva York, pero al tiempo se aparta de las métricas de Rakim, de Afrika Baambaata y de otras figuras del género. Lo que pasa con Illmatic es la consolidación del rapper como un nuevo intelectual. Nas es el primer intelectual del rap. Y por consiguiente, es el gestor de una difícil y contradictoria transgresión producida por su ópera prima. Durante una década – y hasta el día de hoy – el hip hop se reprocha su atractivo comercial, su ingreso a la radio pop, su establecimiento como un fenómeno pop.

Las comunidades que han vivido y respirado hip hop por naturaleza desprecian la cercanía del género a cualquier cosa que asemeje conciliación, integración, socialización. Al igual que ha ocurrido con géneros como el rock en sus inicios o el punk, el hip hop ha sido siempre dividido entre lo “comercial” y lo “underground”, como si el estatus de comercialidad le diera a cualquier canción, música, género o artista un inmediato rótulo de malo, flojo o mediocre. Asimismo, al buscar el aislamiento de la cultura de masas, las comunidades protectoras de los patrimonios clandestinos y “populares” bajo los cuales se construyen estas culturas dan también al “underground” un rótulo inmediato de excelencia, como si lo under fuera un sinónimo de bueno inmediatamente y lo comercial fuera sinónimo de malo.

Esta polarización de las músicas, tan frecuente y visible en la música popular sin importar el país, son bastante superficiales y peligrosas para analizar el crecimiento de fenómenos gestores de cambio de la sociedad desde la música. La estigmatización de los artistas en el hip hop suele ser muy marcada a lo largo de los tiempos, pues mucho más allá de lo comercial y lo underground, ha sido responsable, en el caso de la cultura hip hop, de su estancamiento o de su interpretación errónea por parte de sectores mucho más grandes de la sociedad.

Pasa todo el tiempo en el hip hop que uno ve que un artista como Jay Z es mucho más aceptado que Nas en los circuitos comerciales, mientras que en los circuitos cerrados del rap es considerado un vendido y un mal rapper. O que en los circuitos masivos un grupo como Mobb Deep sea visto con desdén y con cierto miedo, mientras que en los circuitos especializados son tratados con un respeto que va, en mi opinión, mucho más allá del mérito musical, sin que este no sea válido y legítimo.

Suele suceder también que, dentro de estas divisiones que ha ido produciendo una larga historia de rap, que hay ciertos artistas vistos con respeto por sus posiciones “sociales” o “políticas”, como Talib Kweli o Mos Def, o inclusive el grupo The Roots de Philadelphia, cuando una detenida mirada a sus letras indicará que en raras ocasiones son sus líricas netamente “políticas” o “sociales”.

Esa miope forma de ver la cultura hip hop desde solamente dos ópticas ha hecho del artista de hip hop que no tiene reconocimiento comercial – o que no vende lo mismo que vende Jay Z, para ponerlo en términos más sencillos – un artista “legítimo”, y del que ha vendido millones de copias un artista “malo”. Ningún otro artista logra demostrar la pobreza de este argumento y de esta frontera entre lo comercial y lo underground como Nas. La posición de Nas, férrea de no participar de ninguna de estas dos estigmatizaciones, es la base de su identidad como artista, como lo escribió en su ensayo Marc Lamont Hill.

A diferencia de sus contemporáneos como Talib Kweli o Jay Z, Nas logró, desde su álbum debut, hasta nuestros días, transitar entre lo comercial y lo underground con habilidad “ambidiestra”, como quien no quisiera participar de las divisiones establecidas pobremente por los mismos gestores de la cultura.

En este proceso, Nas abre una serie de puertas que serían criticadas muchísimo durante largas y amargas peleas con su contemporáneo Jay Z, quien durante años le echó en cara una serie de contradicciones en sus letras relacionadas con la manera como el rapper narra historias de violencia policial, ventas de drogas y otras típicas narrativas de la época en ‘Illmatic’.

Esas puertas son las que hacen de Illmatic la pieza maestra de hip hop que es hoy en día, y que celebramos desde cualquier esfera de la sociedad, 20 años después. La primera de ella, la de la narrativa en primera persona, en la que un joven Nas va expresando sus sentimientos en la medida en que va abriendo un disco con canciones como ‘New York State Of Mind’ y ‘Life’s A Bitch’:

I woke up early on my born day; I’m 20, it’s a blessing/the essence of adolescense leaves my body, now I’m fresh and my physical frame is celebrated cos I made It”

De la retórica personal a la tercera persona y luego a la entrega del flow a compañeros de rimas, Illmatic es un viaje de la adolescencia hacia la adultez hacia las calles de los guettos que vio de niño, con precisión geográfica narrado esquina por esquina, policía por policía, un paisaje de concreto soportado en poderosos beats que marcarían a dos generaciones de narradores.

De esas experiencias personales a las de personas cercanas al paisaje pintado con palabras medidas y mágicamente conectadas por uno de los mejores emcees de los últimos veinte años, Nas pasa de ser un rapper más a darle un estatus de magia lírica al rap y lo convierte en su más pura expresión: lo vuelve hip hop de primera calidad, material de incalculable valor para aquel que lo vivió en las calles de Queensboro y luego a kilómetros de distancia con la misma dosis de realidad y magia con la que Nas inyecta historias en fuertes e inolvidables canciones y músicas urbanas de verdad, sin doblegarse ante los beats, al contrario, haciéndose cada vez más fuerte con cada uno de ellos, de principio a fin, sin dejar una sola cuadra por contar.

Es de ese aprendizaje hecho letras, palabras, frases, significados, que nace una inteligencia que no se adquiere en ninguna parte que no sea en las calles. Al igual que en el hip hop, los intelectuales desdeñan todo aquello que no se aprendió en una facultad, en una academia, en una universidad, sin darse cuenta de lo desconectados que están de la verdad y de la inteligencia producida por las “bajas culturas” como el hip hop, o en general por cualquier otro tipo de aprendizaje, aquel conectado al diario vivir y no a los libros y a la metafísica.

Nas no es metafísica. Nas es la calle. Nas es el profesorado de la nueva lírica, aquella que no se quedó en el under, y que dejó un legado del que aún escribimos 20 años después.

Illmatic es, sin duda, el nacimiento de una especie de rapper: aquel cuya función es elevar su esencia lírica y personal al más grande de los estados: el de la conexión con un público masivo para que su esencia mental y callejera sea reflejo y espejo de esas nuevas masas, comprensivas de las problemáticas del artista porque las viven a diario, conectadas como público, como espectadores, como oyentes, pero sobre todo, como personas.

Reseña Panorama
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